Desdibujamiento de la lucha
Los enfrentamientos entre el Estado y distintos grupos, que en el pasado tomaron la decisión de tratar de cambiar sus condiciones de existencia mediante las armas, arrojaron a la población no sólo muertos, dolor, cancelación de esperanzas y sueños, sino la figura del desaparecido como mensaje de que las condiciones no van a cambiar, en tanto los poderes así lo decidan.
Uno de los resultados fue la irrupción pública de diversas organizaciones, fundamentalmente de familiares, cuyo propósito fue “exigir” la presentación con vida de aquellos que fueron arrancados de sus existencias cotidianas mediante las fuerzas autorizadas por el Estado para ejercer violencia.
Desdibujamiento de la lucha

Entre la militancia que busca la presentación de desaparecidos existe poco interés por realizar análisis donde discutan su propia actuación sobre la lucha que dicen defender.
Elaboran un modo de operar para evadir el debate, condenan casi de manera pavloviana a aquellos de los que se sospecha buscan desviar su lucha, como si la claridad y la superioridad en la argumentación les asistiera e insisten en seleccionar aquellos pasajes de la historia de sus desaparecidos para fortalecer la tesis de que fueron víctimas de un Estado “terrorista”. Finalmente, no se atreven a reconocer que emplean estrategias propagandísticas que apuntan a deformar las luchas de sus familiares y que fue motivo suficiente para que el Estado los desapareciera, su actuación deriva en sugerir elaboradas imágenes de “buenos ciudadanos” que fueron avasallados por un poder incapaz de comprender.
El crítico del Estado mexicano, el estratega, el que dijo haber realizado expropiaciones en nombre del pueblo, el que soñó con un país donde el interés por terminar con la desigualdad fuera el eje rector que moviera las acciones del poder, el que aspiraba a ser voz de los sin voz, el que imaginó que el oportunismo y los oportunistas eran derrotados, el que empuñó las armas, el que entregó su existencia y su fuerza para recomponer un mundo considerado terriblemente injusto, el estudioso de la realidad, el que permanentemente se refería a Carlos Marx y al marxismo para comprender la realidad, se disuelve como si se quisiera ocultar bajo la consigna “al país le hace falta un médico…”.
Aunque la expresión sintomática del desdibujamiento es la consigna y la relación filial de los militantes con el desaparecido, no es ahí donde se reproduce la subversión de la lucha encarnada en la guerra contra el Estado, sino en las existencias que se han derivado.
Nos referimos al tipo de grupos que se han conformado en torno a la desaparición, la irrupción de la categoría sociológica de secta queda achicada, en la medida que el carácter ritual se impone. Un lenguaje reducido a las consignas como condición para ensombrecer lo importante y resaltar lo accesorio, un conjunto de rituales para domeñar la protesta social, un sesgo aristocrático para minimizar el olor a pueblo en las acciones y un modo de relacionarse que hace imposible e impensable reconocer en su actuación la lucha en la que participaron los desaparecidos.

Memoria combativa
Tenemos que admitir que hay una distancia inconmensurable entre lo que leemos sobre los combatientes desaparecidos y las prácticas que han desarrollado quienes dicen seguir sus luchas y programas. A tal punto que nos parece justificado hablar de perversión, de subversión, porque la práctica que se nos ha mostrado es contraria a la que reconocemos en los documentos que en su momento elaboraron en el periódico clandestino Madera, pero al mismo tiempo debemos reconocer que nos parece una cuestión que exige retomar un examen de conciencia colectiva.
De cualquier modo, pensamos que es una cuestión que debemos afrontar a nuestra manera y con los instrumentos con los que disponemos. De momento lo que podemos señalar es que esta labor exige evitar dos errores recurrentes.

Por un lado, rechazar todo el pasado de los combatientes desaparecidos, como queriendo despreciar y condenar lo que fueron antes de la intervención del Estado y repetir, como lo hacen los voceros de los grupos que triunfaron sobre ellos, que fueron traidores a la patria y origen de males contemporáneos, como terrorismo, pobreza, servidumbre, ateismo y perversión de la juventud y participes activos del empobrecimiento de la cultura civil de país.
A su lado, como siendo la otra cara de la moneda, la glorificación y exaltación de la violencia y la vía armada de manera simplista, de una glorificación de sus personas y sus hechos. En ambas expresiones hay algo de verdad y pueden ser semillas de autoritarismo.
El otro error es la proclamación de que los tiempos que hoy vivimos y nos tocan son diferentes y, en consecuencia, la recuperación de la memoria de estos combatientes desaparecidos puede ser más imparcial.
Ello es en parte cierto si evadimos la cuestión de que quienes participamos en la recuperación de la memoria cargamos con nuestros propios síntomas que se encargan de ocultar nuestras propias apuestas en la vida.
Ayer nuestras apuestas combativas eran por los pobres, hoy algunos se declaran a favor de la democracia, algunos hasta por la autogestión. Ayer nos colocábamos al lado de los campesinos y obreros pretendiendo detentar la verdad absoluta, éramos dogmáticos. Hoy no hay límites en lo que podemos decir. Ayer abogábamos por una moral revolucionaria, hoy discutimos la homosexualidad, el aborto, la libertad política con un etcétera interminable. La plasticidad no tiene límites.
La simple conformidad con la corriente dominante nos muestra que nos encontramos frente a una subversión de los combatientes desaparecidos, hoy no se encarna más que el orgullo de que “nosotros somos los que entendemos correctamente el terrorismo de Estado”, como lo proclaman algunos hipócritamente comparándose con otras interpretaciones.
Para nosotros lo que se impone ante esto es evitar las comprensiones simplistas de estos modos subversivos y emprender, sin duda con equívocos, una lectura que dé cuenta del estado en el que se encuentra la recuperación de la memoria; ya en otro momento hemos señalado la subversión más obvia en materia de memoria, la que opera por consigna.
Pensamos que cuando los combatientes desaparecidos fabricaron la idea de enfrentar al Estado con las armas, lo hicieron con pleno conocimiento de causa, eligieron libremente esa vía, se apartaron voluntariamente de la opción civil y optaron por un enfrentamiento violento donde se jugaban la vida. No aspiraron a una vida cómoda, donde el cafecito y las botanas gourmet fueran el sello distintivo de su actividad, eligieron otra cosa, por eso la cuestión que se nos plantea es una cuestión humanamente abordable; ¿por qué en buena medida quienes reivindican sus memorias hacen lo contrario a lo que ellos defendieron?, ¿cuáles son las fuerzas, cuáles los mecanismos, cuáles los desafíos, cuáles las estrategias, cuáles las estructuras que ocasionan esa subversión?, considerando que se trata sólo de hombres y no de dioses o demonios.






Las corridas de toros desaparecerán para siempre en Cataluña después de que así lo decidiese ayer su Parlamento regional en Barcelona a instancia de una Iniciativa Legislativa Popular durante un pleno histórico que se siguió con gran expectación tanto en el país como fuera de las fronteras españolas.