36 años del asesinato de Lucio Cabañas Barrientos

El 2 de diciembre del presente año se cumplen 36 años de la muerte en combate ...

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Yo conocí mas al ser humano que había dentro de ese ser que llaman guerrillero.

Recuerdos fragmentados

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Noviembre de 1977 en Chihuahua

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De condiciones, luchas, memoria y olvido

Autor: César R. Avendaño/ Luis E. López/ Mayra E. Nava / Víctor M. Alvarado*/ II

El mundo de la arquitectura única, como nos dice Camille de Toledo, nos apresa en la idea de la libertad, con sus muros transparentes, con su atragantamiento de rebeldes que hoy luchan por alivianar tantito la ferocidad de eso que se llama el mercado y que no es más que el imperio de unos cuantos comerciantes sobre millones de degradados humanos.

En este mundo de paredes translúcidas, donde el sistema capitalista ha construido libertades virtuales y democráticas, parece que la memoria se ha convertido sólo en mausoleos fríos, huecos, en memoriales que sólo expresan que “las cosas siempre han estado muy feas” y que se están poniendo peor, que el Estado siempre ha sido represor, que ha sabido aplastar muy bien los intentos de subversión y que, paradójica o ingenuamente, apelamos a la justicia institucional y al Estado de derecho que jamás ha existido.
Esa parece es la memoria que se ha construido y difundido socialmente –o lo que ha dejado como saldo en muchos ciudadanos el trabajo que se ha hecho, lo que queda en la memoria— el recuerdo de que pareciera que siempre hemos perdido y si se ha ganado algo se ha perdido de nuevo, porque el máximo triunfo sólo ha llevado a cambiar de amo y no ha dejar de tenerlo.
Es posible que muchos de los que lean esto dirán que es una exageración, que la aparición de medios como éste, que nos permite colaborar, es una muestra de que hay conciencia, pensamiento crítico, potencial de rebelión… puede ser ¿Es?
Si escuchamos a la gente como nosotros en nuestras casas, en el autobús; si atendemos la cantidad de gente que le cree a Televisa o TV Azteca, por decir ejemplos sencillos, ¿podríamos documentar ese optimismo?
Hay memoria, definitivamente, pero buena parte de ella a veces deja la impresión que es de cuenta muertos, desaparecidos y encarcelados, cuenta que continúa, que no se ha ido.
Muchas veces es obsesión por el pasado, pero no necesariamente para una compresión de éste desde el futuro posible; ejercicios de memoria que sólo se han interesado por defender e imponer una verdad, memoria sectaria, memoria del horror, del terror y del fracaso muchas veces. Memoria de consigna, heroica y victimaria, sin proyecto social incluyente, sin miras a un porvenir mejor para el mundo y su diversidad. Memoria como propiedad privada.
 

 

Memoria para qué

De ser así, ¿para qué queremos a la memoria? ¿Por qué peleamos tanto por ella? Para escribirla o decirla ¿y ya?, para que las palabras se las lleve el viento y los libros se queden en los estantes de algunos pocos que acceden a ellos, porque recordemos que los libros y los escritos no caminan ni andan por las calles. Recordemos que muchos apenas tienen el dinero para el pasaje diario a su trabajo o escuela, recordemos que aún hoy es posible hablar de un gran número de población analfabeta y que con la enajenación y la realidad asfixiante a pocos les quedan ganas de leer después de una jornada de trabajo explotadora o de un día de escuela aburrido.
¿Ahí se acaba el trabajo de la memoria? Hemos hecho de la memoria muchas cosas, también un fantasma que acecha. Conocer la historiografía, los datos duros, las fechas, los personajes no deja de ser importante, pero ¿y luego qué?, ¿cómo es que eso lo podemos convertir en abono para la transformación del mundo?
Todorov nos advierte al respecto, que generalizar un elogio incondicional a la memoria y un menosprecio ritual del olvido puede resultar problemático, pues si bien el pasado contiene una carga afectiva demasiado dolorosa y quienes lo vivieron y estuvieron cerca resienten ese dolor –por ello suelen desconfiar de los intentos de clarificación del pasado– “las implicaciones de la memoria son demasiado importantes como para abandonarlas al entusiasmo o a la cólera”.1
Por ello resulta fundamental poner sobre la mesa que “lejos de oponérsele, la memoria es el olvido: olvido parcial u orientado: olvido indispensable”.2
Queremos aclarar que no tratamos de hacer menos cualquier intento de conmemoración o memoria, pero sí queremos decir que es posible considerar insuficiente y limitada la forma en que la hemos hecho y hay que poner en debate su significado social.
Este mismo espacio resulta importante, altamente significativo, pero insuficiente; puede haber otras opciones más, foros, coloquios, jornadas, todas significativas, pero también todas insuficientes y acaso no centradas en los quehaceres más urgentes.
 

La revolución ideal

No planearemos en estas líneas la revolución ni la lucha democrática/ciudadana ideal, menos daremos consejos para la acción, pero sí pretendemos asentar que es tiempo de atender lo que hacemos hoy, si es que queremos transformar las cosas. Es decir, cuál es el proyecto social por el que apostamos dadas las características actuales y en función del modo en que nos comportamos prácticamente en este momento: ¿a qué realidad posible le damos vida hoy en nuestros actos concretos? ¿Resulta suficiente con dar el sitio que hoy tiene contar muertos y desaparecidos? ¿Recordar cuán mal nos ha ido hasta el día de hoy? ¿Pegar fotos en los muros? ¿Gritar consignas? ¿Repartir conciencia en volantes? ¿Nombrar o renombrar calles con caídos en batalla? ¿Colocar placas vacías de sentido para el que pasa a diario enfrente de ellas? Y no necesariamente porque ese que pasa sea ajeno o apático respecto de esa historia, sino porque vive una cotidianidad que lo consume y golpea poco a poco y a veces sin que se dé cuenta de ello, pero una cotidianidad suficientemente enajenante como para preocuparse por el pasado o el presente social.
Lo que se hace ¿cómo impacta en aquellos que no militan, luchan, resisten, o algo parecido?
Sabemos que el Estado es perverso, que el sistema capitalista oprime y re-atrapa a la resistencia, pero también debemos de reconocer que en muchas ocasiones ese enemigo reencarna en cada uno de nosotros, cuando no podemos escuchar al otro, cuando lo excluimos y juzgamos, cuando no aceptamos nuestras diferencias, cuando señalamos a cualquier otro que nos parece sospechoso o no coincide con nosotros. Confundimos tan frecuentemente unión con unanimidad, y olvidamos que muchas veces la unión que se requiere viene de la diversidad, de la autocrítica y de la apertura a múltiples modos de ver y hacer la vida y la apuesta por el cambio. ¿No tendremos que transformar ya nuestra forma de vivir?

Liga del 23 de Septiembre, Desaparecidos

 

 

Dos mundos

Pero la cuestión de la memoria no queda nada más problematizada con aquello que se hace con la historia de las luchas y las resistencias que desde los mismos grupos que luchan y resisten, o de miembros de grupos que lucharon y resistieron, se hace. Tiene que ver con algo más complicado quizá. Tiene que ver con los fundamentos de subjetividad que han dado legitimidad al actual estado de cosas y su expansión mundial. Claro, pues recordamos hoy que hasta hace no muchos años sólo existían dos grandes posibilidades de hacer la existencia: el mundo, que se dice ha sido ya sepultado, del comunismo en sus diferentes variantes y, cómo no, el del capitalismo, el libre cambio y el nuevo liberalismo social.
Muerto uno, a vivir lo más correctamente en el otro. El mundo único, unido, como mal necesario.
La arquitectura única del mundo unido no tiene que ver nada más con la homogeneidad de la vida. En todos lados los mismos autos, las mismas formas de construcción; en todos lados Kentucky’s, McDonald´s y Walmart’s, ayudando a nuestra economía.
Por doquier la búsqueda de la democracia liberal capitalista, por doquier el reconocimiento de que el libre mercado no es nada más una condición económica sino política: los arreglos comerciales como mesas de paz, como formas de integración. El consumismo generalizado por todos lados resulta un indicador de la democracia comercial, de mercado.
La arquitectura única del mundo unido también se alimenta de la memoria. La memoria que sea. A cada paso el recuerdo de las guerras, la violencia como último recurso del poder, la memoria de los caídos, la memoria de las revoluciones triunfantes que se vuelven sin problemas contrainsurgentes, la memoria del poder que nos somete…
La memoria tiene muchos poderes potenciales, algunas veces potencia la creatividad, la comprensión, la visión de futuro, pero también tiene otros poderes menos bondadosos. La memoria paraliza. La memoria arrincona. La memoria nos vuelve pragmáticamente realistas. La memoria puede ser anti utópica. ¡Sed realistas y exigid sólo lo posible!, es lo que muchas veces termina diciéndonos cierto tipo de memoria.
Una vez que se reflexiona lo que les ha pasado en este país a quienes se han decidido a enarbolar banderas de justicia e igualdad en los últimos 50 años, parece que estamos destinados a ser una sociedad con vocación de médicos forenses, ¿no habrá que replantearnos “la función de la memoria” y su relación con el tipo de lucha que urge hacer?

 

* Integrantes del Proyecto de Investigación ‘Resistencia y Disidencia en el Pluralismo Cultural: Memoria y Subjetividad en Minorías Sociales’ [DGAPA-PAPIIT IN304109, UNAM]

 

1. Tztvetan Todorov, Los Dilemas de la Memoria, Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar. Conferencia Magistral, 2002, p.2. Disponible en: http://jcortazar.udg.mx/documentos/TODOROV.pdf
2. Ibíd., p.3

 

 

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